Cultura Entrevista — 20 septiembre 2012
“El turismo es seña de identidad del capitalismo”

Juan Pablo Wert Ortega es profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), responsabilidad que compatibiliza con una labor investigadora centrada en la pintura de la Transición y los aspectos estéticos de La Movida. El espíritu pop de aquella época empapa su último gran proyecto como comisario de la exposición Souvenir. Martin Parr, fotografía y coleccionismo, que puede visitarse en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) hasta el 21 de octubre. La muestra incluye fotografías de viajes de Martin Parr, el prestigioso fotógrafo de la Agencia Magnum, así como souvenirs del propio Parr y del coleccionista malagueño Juanjo Fuentes. Fotos kitsch y objetos aparentemente sin valor que, en opinión de Wert, reflejan con más fidelidad que ningún otro la realidad de cada época.

La exposición de la que usted es comisario y que acoge el CCCB profundiza en la experiencia del viaje. ¿En qué sentido?
El hombre viaja para salir de su entorno habitual, para ir a otros espacios y buscar el conocimiento del otro o de lo otro, de lo que no tiene. Por definición, el ser humano es un animal viajero, una característica de esta especie previa a la sedentarización, que ocurrió en el Neolítico, prácticamente hace cinco minutos. Y es que el viaje tiene un contenido asociado a la fatalidad, a la necesidad. Al principio era la necesidad de alimento, de condiciones de vida más cómodas. Tras la sedentarización, y aunque no le acuciaba tal necesidad, el ser humano siguió viajando por otras pulsiones: las guerras de conquista, las expediciones en busca de materias primas o de rutas comerciales, o las peregrinaciones religiosas. En mi opinión, la peregrinación, es decir, el viaje justificado por motivos religiosos, es un precedente del viaje turístico actual. Le explico. En los viajes de conquista o comerciales, los viajeros regresaban con un trofeo, con oro, con objetos valiosos. Sin embargo, de las peregrinaciones o de los viajes turísticos volvemos con objetos sin valor aparente, una reliquia o un souvenir, testimonios de esa experiencia.

En las campañas bélicas o en las peregrinaciones religiosas a las que alude subyacen determinadas ideologías, pero ¿qué ideología se esconde en un viaje a Benidorm en agosto?
Básicamente, subyace una experiencia de consumo. Un consumo asociado también a un estilo de vida.

Autorretrato de Martin Parr

Autorretrato de Martin Parr

¿Una metáfora del capitalismo?
Sí, entre otras cosas. El turismo es la seña de identidad más notoria y contrastada de las formas de vida del capitalismo pleno. Hay otras, pero el turismo es la más completa. Porque da cuenta de un montón de realidades que están presentes en el sistema. Como el coleccionismo, un fenómeno no exento de cierto componente patológico. Eso es lo que refleja la exposición de Martin Parr, la conjunción del viaje y el coleccionismo.

¿En qué objetos han materializado esa conjunción?
Fotografías de gran calidad técnica, ya que no podemos olvidar que Martin Parr es un fotógrafo de referencia internacional, miembro de la Agencia Magnum. Imágenes que reflejan experiencias de viajes. Y unos doscientos objetos de su colección particular, inmensa, que incluye mucho merchandising político, iconografía de Saddam Hussein, Bin Laden u Obama, e, incluso una guitarra eléctrica conmemorativa del 11S. El conjunto se completa con la colección de souvenirs de Juanjo Fuentes.

La traducción de nuestra sevillana sobre el televisor.
Sí, efectivamente, como la famosa muñeca de Marín. Pero a niveles demenciales. Y con un trasfondo muy pop. Son objetos de producción masiva, aparentemente sin valor comercial, pero que, tal y como explica el propio Parr, reflejan mejor que ningún otro la realidad del momento en que vivimos. En el fondo son objetos muy valiosos.

Lo que queda de La Movida

Esa estética pop fue también determinante en la estética de La Movida, un fenómeno sobre el que usted ha profundizado. ¿Qué queda de esa época?
Si hablamos de pintura, el primer problema que aquella generación es que no constituyó exactamente una tendencia ni un movimiento. No redactaron ningún manifiesto, aunque es cierto que realizaron muchas declaraciones de principios e, incluso, contaban con un grupo de críticos que les apoyaba. Hablamos de pintores como Carlos Alcolea, Chema Cobo, Carlos Franco, Luis Gordillo, Sigfrido Martín Begué, Herminio Molero, Rafael Pérez-Mínguez, Luis Pérez-Mínguez, Guillermo Pérez Villalta o Manolo Quejido, que coincidieron en la defensa de la pintura figurativa –yendo a contracorriente- y en referencias pop. Dentro de ese grupo había pintores de una pieza, con mucha fuerza. Si me pregunta si crearon escuela, eso es más difícil de responder. Creo que La Movida como fenómeno cultural sí ha trascendido, pero ellos no. Y la repercusión de La Movida es atribuible sobre todo al cine de Pedro Almodóvar, al eco de Almodóvar en Estados Unidos.

Juan Pablo Wert, en la Facultad de Letras

Usted colabora habitualmente en blogs y otras publicaciones digitales. ¿Qué suponen estos soportes para el arte?
Es un nuevo paradigma de comunicación. La naturaleza horizontal de estas herramientas nos convierte a todos en emisores y receptores. Es algo inaudito y revolucionario. La información no es conocimiento, pero es un requisito imprescindible del conocimiento, y las tecnologías actuales nos están haciendo cada vez más sabios. La idea de que la cultura digital ha degradado la cultura “de verdad”, que para algunos era la analógica, me parece una soberana estupidez.
Sólo tengo una prevención respecto a la nueva realidad, que el trabajo del documentalista es aparentemente innecesario. Ahora parece que todos somos documentalistas, y eso no es así. Además, no me fío de la perdurabilidad de esos soportes.

Acaba de aludir a la incertidumbre que se cierne sobre los documentalistas. ¿Cree que ese futuro incierto amenaza también al conjunto de los estudios de artes y humanidades?
Sinceramente, no. Nuestras titulaciones son muy versátiles. Precisamente tengo que hablar a mis alumnos de primer curso de eso, del futuro, de su carrera profesional. Mi planteamiento es que los estudios universitarios no deben verse condicionados por las salidas laborales. A la universidad se viene a otra cosa, a comprobar lo gratificante que es el conocimiento, lo grande que es el mundo y lo bien que se puede estar en él. No pueden declararse esclavos de una carrera profesional que aún no han comenzado. Sólo una persona verdaderamente enamorada de su profesión puede ser competente en ella. La competencia del sufridor no es tal competencia. Así que a mis alumnos les diré que hagan lo que les dé la gana, que vayan donde el corazón les lleve.

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Pepa González Oliva

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